Autoría: Chema


27 de junio de 2024

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Como padres y educadores, es vital comprender cómo una dieta equilibrada puede influir en la vida de sus hijos y qué pasos pueden tomar para asegurar que reciban los nutrientes necesarios.

La relación entre alimentación y desarrollo cognitivo

La nutrición juega un papel crucial en el desarrollo del cerebro. Nutrientes como los ácidos grasos omega-3, las vitaminas del complejo B, el hierro y el zinc son esenciales para el desarrollo cognitivo. Estudios han demostrado que los niños bien alimentados tienden a tener mejores resultados en pruebas de memoria, atención y resolución de problemas.

Sugerencia: Incluye en la dieta de tu hijo alimentos ricos en estos nutrientes, como pescado, nueces, verduras de hoja verde, carne magra y legumbres.

Impacto en el rendimiento académico

Una alimentación equilibrada puede mejorar el rendimiento académico de los niños. Desayunar, por ejemplo, está asociado con una mayor capacidad de concentración y mejores habilidades de resolución de problemas. Los niños que no desayunan suelen mostrar un rendimiento académico más bajo y tienen más dificultades para mantenerse enfocados en clase.

Sugerencia: Asegúrate de que tu hijo comience el día con un desayuno nutritivo que incluya proteínas, carbohidratos complejos y frutas.

Bienestar emocional y comportamiento

La alimentación también influye en el comportamiento y el bienestar emocional de los niños. Una dieta alta en azúcares y alimentos procesados puede llevar a fluctuaciones en el estado de ánimo y problemas de comportamiento. Por el contrario, una dieta rica en nutrientes puede promover la estabilidad emocional y un comportamiento positivo.

Sugerencia: Limita el consumo de azúcares y alimentos procesados en la dieta de tu hijo, optando por opciones más saludables como frutas, verduras y granos enteros.

Promoviendo hábitos alimentarios saludables

Establecer buenos hábitos alimentarios desde una edad temprana puede tener un impacto duradero en la salud de los niños. Los hábitos aprendidos en la infancia suelen mantenerse en la edad adulta, por lo que es importante fomentar una alimentación saludable desde el principio.

Sugerencia: Involucra a tu hijo en la preparación de las comidas y enséñale sobre la importancia de una dieta equilibrada. Hacer que participen puede aumentar su interés por probar nuevos alimentos saludables.

La importancia de la hidratación

No solo los alimentos son importantes; la hidratación adecuada es esencial para el bienestar general de los niños. El agua es fundamental para todas las funciones corporales, incluyendo el funcionamiento del cerebro y la concentración.

Sugerencia: Asegúrate de que tu hijo beba suficiente agua a lo largo del día, especialmente durante las horas escolares. Evita las bebidas azucaradas y fomenta el consumo de agua y jugos naturales.

Conclusión

Los padres y educadores tienen un papel fundamental en la promoción de una alimentación saludable en sus hijos y sus alumnos. Al proporcionar una dieta equilibrada y nutritiva, no solo están apoyando su crecimiento físico, sino también su desarrollo cognitivo, rendimiento académico y bienestar emocional. Implementar hábitos alimentarios saludables desde temprana edad es una inversión en el futuro de sus hijos, asegurándoles una vida más saludable y feliz.

Autoría: Lucia Jorquera


6 de junio de 2024

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¿Por qué retan los niños?

Los eventos que hacen que los niños desafíen a sus padres pueden ser muy variados e ir desde la negativa a acciones tan simples como bañarse, vestirse, recoger su habitación, saludar a alguien, salir de casa o de un lugar donde lo estén pasando bien, hasta cuestionar nuestras decisiones y mostrarse abiertamente hostiles.

Aquí lo verdaderamente importante no es el desafío, sino nuestra reacción, ya que de esto dependerá en gran medida, las futuras conductas que nuestros hijos presenten ante situaciones similares.

Los padres necesitamos armarnos de paciencia y permanecer tranquilos, ya que se trata de un periodo importante en el desarrollo infantil. Se trata de la fase de autoafirmación que suele desaparecer hacia los 6 años. Los desafíos forman parte de la exploración de los límites, son normales y adaptativos: cumplen una función. Pero esto no quiere decir que no necesitemos poner orden en estas conductas.

Algunos consejos a la hora de actuar ante estos comportamientos:

1.- La constancia es clave para controlar un desafío. Si imponemos consecuencias de manera intermitente, nuestros hijos no aprenderán que su comportamiento está mal y, de hecho, llegarán a pensar que en ocasiones obtienen beneficios a cambio y nos retarán siempre. Por lo general es recomendable mantener la calma en el momento del conflicto, corregir la mala conducta sin alterarnos, y posponer la reflexión sobre ello a un momento posterior, cuando ya esté calmado. Entonces deberemos explicar cómo nos hace sentir su conducta, establecer consecuencias negativas si las consideramos necesarias y escuchar cómo vive y cómo se siente él cuando actúa así.

2.- No entrar al juego: Debemos avisar sobre las consecuencias que habrá si siguen actuando de esta manera. Si tras esto persisten, tenemos que aplicar lo que hemos avisado. Esto a veces puede resultarnos difícil, sobre todo cuando volvemos cansados o estresados del trabajo, pero debemos evitar el típico comentario de “porque lo digo yo”, ya que no nos beneficiará en la extinción del problema.

3.- Usar el refuerzo positivo: No se trata de usar premios materiales (que a veces también podemos usar), sino el refuerzo social (abrazos, besos o lenguaje positivo). Esto hará que reforcemos el proceso de crecimiento y les animará a querer hacer las cosas bien porque a ellos les gusta ver que nosotros estamos orgullosos de ellos.

Esto lo tendremos que hacer no solo cuando haya habido un conflicto previo, si no en cualquier situación que sea propicia. Por ej: “Estoy orgullosa de ti…”, “me encanta cuando…”

Después, podemos usar el refuerzo de hacer una actividad que les guste, todos juntos: ir al parque, salir con el balón o la bici, o ir a comprar un helado

4.- Hablar de manera clara y directa: Hemos de ser claros en nuestros mensajes. Que entiendan claramente la orden, lo que hay que hacer y la consecuencia directa. Siempre es mejor hacerlo de manera positiva, que vean lo que ganamos: “Si nos vestimos rápido tendremos más tiempo para jugar en el parque”. “Si cenas bien, podemos jugar juntos un ratito antes de dormir”. Eso les hará querer hacer las cosas bien. Solemos tender a usar la consecuencia negativa de sus actos: “Si no cenas, te vas a la cama directo”. En el fondo, eso es usar de manera velada la amenaza, y si lo que quieren es buscar nuestro límite, puede que intenten ver si realmente lo cumplimos.

5.- Ser claros en las consecuencias: cumplir lo que hemos dicho. Para lo bueno y para lo malo, hemos de cumplir con lo que les hemos dicho. Por eso es importante tener claro lo que vamos a aplicar si hacen/no hacen algo. De lo contrario, nos estaremos quitando a nosotros mismos la autoridad, y eso hará que entiendan que lo que decimos cae en saco roto.

Si le decimos que si no recoge tiraremos los juguetes a la basura, pero luego no lo hacemos, o primero lo tiramos, y al rato lo sacamos, nuestra autoridad también se va a la basura.

** Nunca pegar es una opción: usar el castigo físico no lleva a nada bueno, y lo que están entendiendo es que la violencia física es justificable cuando estamos enfadados, y ellos también la aplicarán. Si me quitan un juguete, pego, si quiero un juguete, lo arranco, agredo, etc

6.- Aplicar el tiempo fuera: Le tenemos que explicar por qué su comportamiento es inaceptable y llevarlo al lugar designado como de «tiempo fuera». Por ejemplo: si tiras la comida, no puedes estar con nosotros en la mesa. Primera consecuencia: salimos fuera de la situación; Segunda consecuencia: pasado esos 2-3 minutos (no más para un niño de esta edad), ha de recoger lo que ha tirado antes de poder volver a sentarse. Ese tiempo fuera debe ser en un lugar que no tenga nada con lo que jugar, y a la vista, para que él/ella también vea que lo que se está perdiendo le gusta. No dedicarle atención en ese tiempo, ignorar llantos, patatelas, etc.

7.- Ignorar malos comportamientos: Solo buscan llamar nuestra atención, y si lo consiguen, es cuando refuerzan ese comportamiento negativo. Sé que es complicado a veces, pero siempre que podamos, hay que intentar que vean que haciendo lo que hacen no llaman nuestra atención.Es posible que la conducta de nuestro hijo empeore en vez de mejorar. Puede ser muy frustrante, pero indica que el hecho de ignorar la pataleta está funcionando. Nuestro hijo aumentará la intensidad de la pataleta para obtener nuestra atención porque sabe que su mal comportamiento funcionaba antes. Cuando aprenda que el hecho de portarse mal no sirve para captar nuestra atención, su comportamiento empezará a mejorar.

Cómo explicarles lo que esperamos de ellos o la norma:

  • Tenemos que ser claros, directos y concisos. Ponernos a su altura, comprobar que nos están escuchando y atendiendo también a nuestro lenguaje no verbal( cerca de ellos, con algo de contacto físico, con cara seria).
  • Hay que anticiparles lo que queremos que hagan, y qué pasará si no lo hacen.
  • Siempre que podamos, ayudarle. Si ve que tu le ayudas, querrá hacerlo más que si ha de hacerlo solo. Podemos ayudarle las primeras veces, y luego reforzarle el que ya no necesita ayuda porque lo hace muy bien.
  • Aplicar la consecuencia dentro de un tiempo prudencial. No podemos alargar una situación. Si hemos dicho que nos vamos (por ejemplo), damos una oportunidad, dos, pero no más. Ahí le podemos explicar que como hemos dicho una cosa y no la ha cumplido, la próxima vez no lo haremos. Haremos lo mismo si cumple lo que hemos acordado, mucho refuerzo positivo, para que vea que si él cumple, nosotros también.

Otros consejos:

  • No entrar al trapo, ni pensar que esto es un acto contra nosotros. Esto forma parte de su desarrollo y es sano que tengan una racha así. Pero debemos trabajarlo, y hacerles ver que en la vida hay normas, que no siempre podemos elegir, ni hacer lo que queramos.
  • Aprovechar situaciones de calma, positivas, para hacerle ver que cuando hacemos las cosas bien todo el mundo está contento, y a veces hasta tenemos una “recompensa” por ejemplo: un día que todo haya ido bien, sin prisas etc, podemos aprovechar a decirle: “como hoy nos hemos vestido pronto, y tenemos tiempo, podemos ir andando de la manita/con la moto/ir un poco al parque antes de ir a hacer la compra”…. lo que sea. Algo que sepamos que le apetece, y que le haga ver que haciendo las cosas bien todo va bien.
  • Intentar no hacer chantajes: llevarles premios para que se vengan con nosotros sin rechistar, tampoco es bueno que vean que la situación negativa que han provocado nos afecta (que no nos vean desbordados, o llorando).
  • Si hay una situación que se nos está descontrolando o que nos genera un problema diario, podemos usar un sistema de dibujos, pegatinas o algo así. Por ejemplo: si no queremos ir a la cama: Poner con dibujos la secuencia: cenamos – jugamos un poco – nos lavamos los dientes – cambiamos el pañal y nos vamos a la cama con un cuento. “Si hacemos todo esto, tus padres se quedan un minutito en la cama contigo2 (o lo que decidáis en casa). Podemos ir pegando stickers en cada acción  (eso les gusta mucho). Si lo hacemos así cada día, al finalizar la semana, o cuando tengamos X pegatinas, nos vamos a comprar un helado, o nos vamos al parque con las motos. Si no lo hacemos, tendremos que anticiparles la consecuencia: “papá y mamá no se quedan, no hay cuento, etc”
  • Recordad que somos nosotros los que ponemos las normas, y las condiciones, no ellos. a ellos les podemos dar a elegir, siempre dentro de lo que nosotros hayamos decidido.
  • Siempre es más fácil trabajar algún problema de este tipo en equipo, no cuando estamos solos, sin el relevo de la otra persona.
  • También podéis contar la situación en la escuela para seguir trabajando en equipo y que desde allí apoyen el acompañamiento de vuestro hijo  en esta etapa. 

Autora: Lucía Jorquera (Colegio Nclic)

Autoría: Beatriz Garcia


28 de mayo de 2024

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Se conoce como tono muscular al estado permanente de contracción parcial, pasiva y continua de los músculos”. Se trata del estado de reposo de los músculos que ayuda a mantener la postura corporal acorde para cada movimiento. (Definición de Julián Pérez Porto y Ana Gardey, 2012).

El movimiento surge del cerebro, desde el cual se envía la orden a los músculos a través de la médula espinal y los nervios periféricos.

El tono muscular incide directamente en las actividades que nuestros pequeños realizan cada día: guarda una estrecha relación con la postura y el movimiento, y también con los niveles de atención y los estados emocionales. Así pues, el tono muscular está directamente relacionado con los procesos de aprendizaje, por lo que un bajo tono (hipotonía) o un alto tono (hipertonía) puede interferir en estos. 

Es importante que desde que son bebés estimulemos su tono muscular con actividades como mecerles, acariciar y masajear todas sus extremidades de diferentes maneras, como por ejemplo con una pelota de masaje, realizar elevaciones y estiramientos del tronco muscular…

A continuación detallamos una serie de juegos y actividades que ayudarán a vuestros hijos a ejercitar el tono muscular. Los clasificaremos en actividades de motricidad gruesa y actividades de motricidad fina.

ACTIVIDADES DE MOTRICIDAD GRUESA:

  • El gateo desarrolla fuerza en las manos y estabilidad en hombros, aporta propiocepción en muñecas, codos, caderas, hombros y rodillas.
  • Suspensión en una barra: fortalece brazos y tronco.
  • Hacer el puente: Desarrolla la estabilidad de los hombros, brazos y manos.
  • Arrastrarse como soldados o como indios.
  • Girar sobre sí mismo.
  • Hacer la carretilla nos ayuda a fortalecer los brazos hombros y manos.
  • Saltar nos ayuda a fortalecer el tronco y las piernas: podemos animarles a saltar a la pata coja, con los pies juntos, saltar desde un bordillo, de un aro a otro.

ACTIVIDADES DE MOTRICIDAD FINA: 

  • Rasgar papeles de diferentes texturas y grosor (papel seda, de periódico, celofán…) estimula y fortalece el movimiento de las manos.
  • Abrir y cerrar pinzas de la ropa ayuda a trabajar los músculos de las manos.
  • Abrir y cerrar cremalleras.
  • Exprimir limones y naranjas con un exprimidor es un excelente ejercicio para desarrollar el control y la fuerza manual.

Una buena estimulación del tono muscular de nuestros hijos desde bien pequeños nos ayudará a prevenir dificultades de aprendizaje más adelante. Y recuerda, ante cualquier duda, siempre es aconsejable consultar a un especialista.

Autora: Beatriz García (Colegio María Teresa)

Autoría: Lucia Jorquera


14 de mayo de 2024

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Los bebés de alta demanda se caracterizan por ser muy, muy demandantes, y además ser poco dados a hacer concesiones.

Los bebés de alta demanda son bebés normales, que no tienen una patología (a no ser que su llanto e irritabilidad vengan como consecuencia de alguna patología o malestar, que debe siempre descartarse primero).

Características de un bebé de alta demanda, según Sears, doctor que acuñó el término y que procede del inglés ‘High Need Baby’:

  • Intensos: ponen energía en todo lo que hacen, al llorar, al comer, al reír, al protestar. Parecen siempre tensos, siempre necesitando un poco más de nosotros.
  • Hiperactivos: y no en el sentido del trastorno, sino como característica. Son niños con una mente siempre atenta e inquieta, como pidiendo estímulos continuamente… esos bebés que tienen que estar en brazos, y con mamá o papá moviéndose, para que así estén recibiendo constantemente información del exterior.
  • Absorbentes: demandan contacto, cariño, juego, brazos, y cuando ya parece que lo tienen todo, vuelven a la carga a pedir un poco más y luego un poco más; y para acabar, un poco más.
  • Se alimentan a menudo: para ellos, comer no es sólo recibir alimento. La succión les calma y tranquiliza y por eso comen de manera frecuente, incluso por las noches, cuando pueden llegar a hacer tantas tomas que las madres llegan a decir que «¡Esta noche no se ha separado ni un momento!».
  • Exigentes: cuando consideran que necesitan algo, lo piden para ayer. Son urgentes, no aceptan la negación y no suelen aceptar alternativa. Los padres suelen decir que tienen la sensación de «no llegar nunca a tiempo».
  • Se despiertan a menudo: Tienen problemas de sueño. No necesitan dormir demasiado, por eso les cuesta mucho conciliar el sueño, sobre todo si no está presente un adulto. Tardarán meses, incluso años, en hacerlo del tirón.Se despiertan a menudo, tienen un sueño ligero, y no suelen aceptar el sueño en soledad, en ningún momento del día. Las siestas las hacen en brazos o en portabebé y por las noches necesitan contacto casi continuo, con múltiples despertares cada noche.
  • Insatisfechos: parecen no estar nunca contentos con lo que tienen o consiguen, y los padres acaban preguntándose aquello de «¿Y ahora qué?».
  • Impredecibles: suele pasar que cuando los padres ya han encontrado las respuestas y parece que todo toma un cauce, aparecen nuevas preguntas y esas soluciones ya no sirven. Los padres acaban sintiéndose auténticos títeres de sus hijos, y esto genera dudas y confusión, al darse cuenta de que viven con la única misión de lograr que no llore, no se queje, no sufra…
  • Hipersensibles: se sobresaltan fácilmente con los ruidos, les molesta cuando pierden el control del entorno y no soportan tener «un guisante bajo el colchón». Reaccionan de manera exagerada a malestares físicos y emocionales, y lloran a la mínima molestia.
  • Necesitan el contacto continuo: brazos, muchas tomas de leche, contacto por la noche, porteo… son estrategias que se suelen utilizar, porque no saben vivir sin el cuerpo de su madre.
  • No se calman por sí solos: es cierto que casi ningún bebé sabe calmarse solo, pero a menudo son capaces de quedarse dormidos estando tranquilos, o dejan de llorar por sí mismos si tardamos un poco en acudir por la razón que sea, y los bebés de alta demanda no lo hacen. Es como si no superan relajarse de ninguna manera y siempre necesitarán la ayuda de los padres para ello.
  • Sensibles a la separación: no aceptan a otros cuidadores, y a menudo ni siquiera aceptan al padre. Las madres y padres suelen explicar que es como si vivieran un periodo de angustia de separación inacabable, incluso cuando ya gatean y caminan, en que difícilmente consienten estar sin la presencia continua de su cuidador principal, habitualmente la madre.
  • Dependencia del adulto. Su ansiedad por la separación es intensa. Necesitan mucho contacto físico. Estar cerca de sus padres, que les cojan la mano, que los sujeten en brazos, pecho a todas horas… Agotan a cualquiera.
  • Poseen un temperamento muy fuerte. «Quieren salirse con la suya a cualquier precio, lo que les lleva a tener grandes berrinches cuando se les niega lo que piden. Suelen ser considerados por su entorno como unos malcriados y caprichosos»
  • Son inteligentes, despiertos y curiosos. «Esta característica es muy evidente desde los primeros meses», señala Úrsula Perona. Son niños que no pierden detalle de lo que pasa a su alrededor, aprenden deprisa y preguntan mucho.

Y la pregunta del millón que se hacen los padres ¿Cómo se gestiona la crianza de un niño tan absorbente? 

«El primer paso es asumirlo. Debemos interiorizar la idea de que no lo estamos haciendo mal y que al niño no le pasa nada malo. Sencillamente y debido a su naturaleza, necesita más atención y cariño. A partir de ahí, el camino es más fácil. Porque no todo es malo. El niño de alta demanda será un adulto muy interesante. Todas esas características que en sus primeros años de vida nos desbordan harán que se convierta en una persona apasionada, inteligente, curiosa, perseverante, sociable y muy cariñosa», anima Úrsula Perona.

 

¿Cómo actuar ante un niño de alta demanda?

Respetemos cómo es y aprendamos qué es lo que necesita: Se nos olvida muchas veces que los niños son personas, que tienen días buenos y días malos. Que tienen estados de ánimo propios y complejos. Y que no podemos exigirles siempre lo mismo como si fueran robots.

Trabajemos nuestra paciencia, porque su perseverancia y su temperamento nos pueden llevar al límite.

Necesitarán un ambiente rico y estimulante que les permita explorar su gran energía y creatividad.

No intentar cambiarles, sino ayudarles a desarrollar todo su potencial. Como declara Úrsula Perona: “No será la maternidad o paternidad soñada. Con un poco de suerte, paciencia y cariño, será mucho mejor”.

No lo compares con nadie, ni con sus hermanos, si los tiene o con otro bebé, llámese vecino, sobrino, etc. Cada persona es única y las comparaciones pueden a la larga afectar su autoestima.

Aprender a delegar y a quitarnos la culpa como padres.

Ofrecerle los estímulos que demanda, y en un corto espacio de tiempo. Tienen un alto nivel de ansiedad. Si se les da rápido lo que necesitan su nivel de ansiedad va bajando, de lo contrario entramos en un bucle en el que el niño está cada vez más nervioso, los padres también, y luego cuesta más relajar la situación.

Refuerza su buen comportamiento con frases y acciones positivas, sobre todo cuando está calmado, sonriente y de buen humor.

No utilizar la violencia, reforzarías su lado negativo y afloraría su rebeldía.

No complacerlo tampoco en todo lo que demande, podría utilizarlo más adelante para manipular.

Canalizar sus emociones, con prácticas de relajación, yoga o algún deporte de baja intensidad.

Actuar con muchísima calma y mucho amor ante una rabieta, pero a la vez con firmeza.

– Si te sientes agotado física y mentalmente, es válido pedir la ayuda de un familiar o cuidador, eso te ayudará a liberar tensiones. Recuerda que somos humanos y en cualquier momento puedes perder los estribos y/o caer en depresión.

– Si ves que no puedes con esta situación, que no sabes controlarla y que se te sale de las manos, busca ayuda profesional con psicoterapeutas infantiles.

Y por último, una aclaración, estos niños no son hiperactivos, son muy activos. Se concentran con mucha facilidad en lo que realmente quieren o les interesa, al contrario que los niños hiperactivos.

Autora: Lucía Jorquera. Colegio Nclic

Autoría: Leticia Rodriguez


13 de mayo de 2024

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¿Qué es “tiempo de calidad”?

Por la palabra “calidad” se puede pensar que es “tiempo agradable”, pero ¿tener un conflicto más o menos desagradable y solucionarlo no es tiempo de calidad? ¿Tomar una decisión familiar que quizá no guste a todos tampoco lo es? ¿Decir «no» a un hijo para un bien mayor lo es? ¿Asumir consecuencias? ¿Perder el tiempo mientras se podía hacer otra cosa?

Por otro lado: ¿hacer un “super plan familiar” significa siempre “tiempo de calidad”?

¿Y si alguno no lo ha disfrutado como esperaba? ¿Y si han surgido problemas o peleas? ¿Si alguno aún estando presente se ha sentido “fuera”?

Después de 26 años intentando gestionar junto a mi marido una familia muy numerosa, llego a la conclusión de que no hay fórmulas mágicas, y además cualquier plan muy bien intencionado puede volverse lo contrario en un segundo porque somos personas con limitaciones, con alma, sentimientos y pensamientos distintos. Esto, que es precisamente lo que nos hace únicos, hace también que en ocasiones no nos entendamos o no estemos en el mismo punto.

Hay momentos en la vida en los que, aparentemente, no estás dando a tus hijos ese tiempo. Creemos que no llegar a cubrir sus caprichos, no ir a hacer planes excepcionales, no tener unas súper vacaciones o, simplemente no llegar a educar en la teoría perfecta nos hace peores padres. Yo diría más bien que aprender del día a día de la manera que se presente, adaptarnos y reconocernos limitados, capaces de errar y levantarnos, hace a la familia más fuerte. 

Los hijos pueden aprender mucho en la precariedad y al ver una familia que se levanta de las caídas y los errores.

Vivimos en un tiempo en el que los padres nos quejamos de no tener tiempo, y es cierto, pero tampoco el tener todo el tiempo asegura que este sea de calidad.

Ideas para convertir momentos del día a día en tiempo de calidad: 

  • Aprovechas los traslados en coche en el que alguno te cuenta lo que considera muy importante o algo que le ha sucedido en el cole es una oportunidad para asentir por el espejo haciendo que sienta que te importa y que le comprendes, es calidad.
  • Mirar y sonreir a tu hijo en lo cotidiano. Por ejemplo: cuando tu hijo está intentando coger una hormiga con sus manos rechonchas y al levantar los ojos ve que tú le estás mirando, le sonríes y animas a seguir con un gesto. 
  • Hacer juntos las tareas de casa. Por ejemplo: al doblar la ropa con uno de ellos y que al acabar puedas decirle: “me encanta estar contigo”. 
  • Dar un abrazo cuando se enfade. para que pueda calmar la ansiedad de una rabieta (por algo que no ha conseguido, o que no va a conseguir). 
  • Compartir con él o ella lo cansado que estás y poder pedir y aceptar su ayuda, es calidad.
  • Cocinar juntos. Cuando se hace un bizcocho quizá por puro aburrimiento, pero resulta que es el preferido de su hermano y se lo comen en 2 min juntos, eso es calidad. 

Como idea final, todo aquello que haga a un miembro de la familia sentir que pertenece a ese núcleo, que importa y que puede aportar cosas buenas, son momentos de calidad. Y, además, sentir que se puede equivocar y que allí recibirá la ayuda necesaria para levantarse de nuevo es tremendamente sanador. 

Hay un momento que quiero compartir que me ocurrió hace poco. Por circunstancias varias tuve que pedir a mi hijo de 2 años que me acompañase a poner una lavadora en el piso de abajo. La realidad es que no debía dejarle solo y que no tenía tiempo para esperar que alguno le vigilase. Entonces, él, que recibió un mensaje de “tú puedes ayudarme y quiero estar contigo” (aunque no fuera la primera intención), dándome la manita me dijo: “te quiero mucho mami” (con su lengua de trapo). En ese momento algo me impulsó a sentarme en el escalón, mirarle a los ojos y decirle: “Gracias cariño, yo también te quiero mucho”.

Claramente no fue un momento costoso económicamente, ni un plan extraordinario, tampoco me quitó mucho tiempo, pero evidentemente supuso un momento de “tiempo en familia de mucha calidad”.

Dejemos que nuestro instinto de padres nos guíe acompañados de personas que nos aporten en esta labor y tengamos en cuenta que: “el amor salvará al mundo” y que: “El amor siempre vence” (San Juan Pablo II).

Autora: Leticia Rodríguez Martínez. Profesora de Educación Infantil y esposa y madre de ocho hijos. Colegio Maria Teresa

Autoría: Lucia Jorquera


29 de abril de 2024

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Si no están en el suelo y les llevamos nosotros de un lado a otro, no generan esa necesidad de moverse por ellos mismos.

Si lo acompañamos de música, canciones etc, será aún más agradable para ellos porque al fin y al cabo, es un momento de juego.

También es importante que les acompañemos en el proceso. Si moverse, arrastrar, gatear, implica que: si lo hago, me acerco a mis juguetes, a mis padres, etc… será mucho más placentero para ellos.

Una vez que lo han conseguido y lo hacen por sí mismos, no hará falta estar tan presentes porque ellos mismos nos vendrán a buscar.

Cómo ayudarles en el proceso: 

Buscaremos una superficie dura, limpia y libre de peligros, ya tendrán tiempo de gatear o arrastrar por una cama, sofá etc…

Tumbados boca arriba: 

  • Movimientos con las piernas tipo bicicleta alternando las piernas.
  • Con ambas piernas a la vez flexionadas, llevarles las rodillas hacia el pecho. 
  • Hacer que la mano derecha toque la rodilla y/o pie izquierdo y viceversa. 
  • Con las piernas flexionadas, hacer círculos con ambas piernas a la vez.

Tumbados boca arriba y con nosotros frente a ellos: haciéndoles “presión “ contra sus pies para que ellos “nos empujen” y hagan fuerza en las piernas.

En posición de gateo: 

  • Hay que asegurarse que las manos, piernas (rodillas) y pies están completamente apoyados en el suelo. Empujamos suavemente el culete para que vean que la idea es avanzar hacia adelante. No hace falta que avancen al principio, simplemente ese balanceo del culete.
  • Buscamos un obstáculo, que puede ser nuestra pierna, un cojín de lactancia, o algo similar. Les colocamos en posición de gateo, de tal forma que las manos queden por delante del obstáculo, y las piernas por detrás. Les mantenemos la postura, ayudándoles si es necesario elevándoles el culete o flexionando sus piernas (deben estar apoyadas de la rodilla al pie).
  • Les ayudamos a desplazarse, moviendo una mano, luego la pierna contraria, y viceversa, o solo las manos, para que ellos tengan que avanzar con las piernas. Si tienen un objeto que les interese delante les ayudará a querer avanzar para cogerlo.

En posición de arrastre:

  • Les ponemos un “túnel” para que arrastren y pasen por debajo. En las aulas de Educación Infantil de Arenales tenemos módulos arqueados, pero puede servir una silla o nosotros mismos haciendo de túnel para que ellos pasen entren nuestras piernas.
  • Si les ponemos en una superficie elevada haciendo rampa, eso les ayudará a que tengan que levantar el culete para avanzar.

Autora: Lucia Jorquera. Colegio Nclic

Autoría: Claudia Creixems Chas


17 de abril de 2024

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La comida usualmente nos produce relajamiento y satisfacción, así como también cumple una de las necesidades básicas del hombre. Es por ello que, al comer todos juntos, es más fácil que se obtenga un tiempo de calidad. Al tener ese momento concreto al día en el cual toda la familia está reunida, nos proporciona un espacio de recogimiento y dedicación en el cual todos los integrantes pueden participar y escucharse unos a otros. 

Comer en familia, a su vez, enseña a los niños a: 

  • Mantener una conversación y les suministra la mayor parte de su vocabulario. 
  • Asimilar la historia y los valores de la familia y aplicar esos valores a su vida cotidiana y a los problemas y oportunidades que encontrarán más adelante.
  • Convertir esos valores en virtudes alrededor del acontecimiento en concreto: 
    • Pedir por favor. 
    • Agradecer. 
    • Colaborar en las tareas domésticas 
    • Esperar el turno para hablar.
    • Ayudar en la preparación de platos sencillos (por ejemplo, ensaladas), poner la mesa, recoger los platos, fregar o sacar la basura.
    • Estar atento a las necesidades de los demás
    • Levantar el ánimo con una anécdota divertida, generosidad para dejar a otro la mejor porción de postre. 
  • Aprender y practicar las buenas formas en la mesa. Una comida que reúne a la familia entera –y que no es saboteada por la televisión o el teléfono– es el entorno ideal para aprender a comportarse. Desde pequeños, verán el ejemplo de sus padres y adquirirán buenas maneras. Comer juntos no es todo cuando se trata de intimidad familiar y del bienestar de los pequeños; pero sin duda es una parte y, como Weinstein sugiere, la parte más factible.

Muchas veces a los niños les cuesta hablar de su día a día, pero no tenemos que limitarnos a eso para poder tener una conversación con ellos.

A continuación, os dejamos una serie de preguntas divertidas que os ayudarán a pasar un buen rato con vuestros hijos y a conocerlos mejor: 

  • Si tus juguetes pudiesen hablar, ¿Qué crees que dirían?
  • Si del cielo lloviera comida, ¿Qué tipo de comida te gustaría?
  • Si nuestra familia viviese en un zoológico, ¿Qué animal sería cada uno?
  • ¿Qué es lo mejor que te ha pasado en el cole?
  • Si te pudieras convertir un día en un animal, ¿Cuál serías y por qué?
  • Si pudieses convertirte en un personaje de tus cuentos, ¿Cuál de todos ellos te gustaría ser?
  • Si tuvieras un dragón como mascota, ¿Cómo lo llamarías?
  • Si pudieses abrir una tienda, ¿Qué venderías?
  • Si te encontraras una lámpara de un genio mágico, ¿Cuáles serían tus tres deseos?
  • ¿Qué es lo que más te hace reír en el mundo?
  • ¿Qué cosa nos prepararías para cenar hoy si pudieses?
  • Si estuvieras atrapado en una isla desierta, ¿Qué tres cosas te gustaría tener?
  • ¿Cuál es tu día favorito de la semana?
  • Si pudieras ser cualquier personaje de Disney, ¿Cuál serías?
  • ¿Cómo organizarías la mejor fiesta del mundo?
  • Si pudieras inventar un nuevo sabor de helado, ¿Cuál sería?
  • ¿Qué harías si te encogieran al tamaño de una hormiga?

La familia buscará ayudar a los más pequeños a moverse libremente por un universo de valores para que aprenda a conocer, querer, e inclinarse por todo aquello que sea noble, justo y valioso. Se encargará de educar moralmente porque son los valores los que enseñan al individuo a comprometerse como hombre, establecer una jerarquía entre las cosas, y llegar a la convicción de lo que de verdad importa.

Autora: Claudia Creixems. Colegio Maria Teresa

Autoría: Claudia Creixems Chas


13 de abril de 2024

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Durante el crecimiento, su organismo está en pleno funcionamiento y nosotros se lo facilitaremos con unas buenas rutinas, horarios…etc. Éstas serán sus primeras coordenadas para comprender el día de mañana los límites y las normas propias de una sociedad civilizada.

Estas rutinas deben estar acompañadas desde el primer momento de mucho cariño, para que empiecen a comprender que exigencia y cariño pueden ir de la mano.

Poco a poco les iremos animando a que las realicen solos y vean que son capaces de hacer cosas por sí mismos. Así iremos desarrollando su autoconocimiento y autoestima.

Tenemos que tener en la cabeza que educarlos es enseñarles a ser dueños de sí mismos.

¿Cómo podemos trasladar todo esto a la enseñanza de la higiene bucal? 

En primer lugar la OMS nos recuerda que “La ingesta abundante y continua de azúcares libres, la exposición insuficiente al flúor y la deficiente eliminación de la placa bacteriana con el cepillado de los dientes pueden provocar caries, dolor y, en ocasiones, pérdida de dientes e infección”.

Como padres debéis saber que:

  • Para niños entre 0 y 3 años hay que limpiar los dientes utilizando una gasa, un dedal de silicona o un cepillo dental de lactantes con pasta dental de 1000 ppm (partes por millón) de ión flúor, en cantidad equivalente a un grano de arroz o una pequeña mancha.
  • A partir de los 3 años de edad, la cantidad de pasta dental con 1000 ppm de ión flúor, debe ser equivalente a un guisante o, para unificar mejor el criterio, a la anchura del cabezal del cepillo dental.
  • A partir de los 6 años de edad, la cantidad de pasta dental con 1450 ppm de ión flúor, debe ser equivalente a un guisante o, para unificar mejor el criterio, a la anchura del cabezal del cepillo dental.
  • El cepillado dental en niños de estas edades (hasta los 8 años de edad) solo es efectivo siempre y cuando sea supervisado por un adulto, y repasado si fuera necesario en su caso, por su edad y habilidad motora.

Algunas recomendaciones:

  • Comenzar el cepillado tan pronto como el primer diente temporal aparezca.
  • Cepillar los dientes, como mínimo, dos veces al día. Uno de los dos cepillados diarios que sea por la noche pues es el más importante de todos.
  • No se les debe permitir que coman o chupen pasta del tubo por riesgo de fluorosis.

No en todos los centros escolares se permite el cepillado de dientes después del momento de la comida por motivos de higiene o por falta de personal para que la actividad sea segura y adecuada. Por ende, debemos asegurarnos que el cepillado de la mañana y de la noche es el apropiado.

La primera vez que el niño se enfrenta al cepillado de dientes, le haremos partícipe desde el primer momento, es decir, sería una magnífica idea que os acompañara a comprar el cepillo de dientes y la pasta indicada. Las primeras veces podemos animarlos que los acompañe su juguete preferido o su peluche para que juegue a cepillárselos a él también.

Por lo general, las primeras veces les genera interés y lo que más les cuesta es que mantengan la rutina.

Algunos recursos para familias:

Actividades:

  • “La mujer gigante” es una exposición formativa y didáctica, de carácter interactivo, que explica el funcionamiento del cuerpo humano. En ella, se pueden introducir en la boca y ver los dientes, la lengua y la importancia de un buen cepillado. Se encuentra situado en el Paseo de los Cipreses- Torrejón de Ardoz, Madrid.
  • “La casa del Ratoncito Pérez” en Calle del Arenal nº8, planta 1. 28013, Madrid.

Canciones:

  • “Cepilla tus dientes” – Super Simple Español
  • “Lavar los dientes. Hábitos saludables” – Pinkfong

Vídeos educativos:

  • “Aprende a lavarte los dientes” – Aprende con Eddie (3-6 años)
  • “Cómo lavarse los dientes paso a paso. Lavado de dientes para niños” – Smile and Learn. (6-9 años)
  • “Blippi Visits The Dentist – Learn Healthy Habits for Kids” – Blippi. Educational videos for kids (5-9

años)

  • “La boca y los dientes” – Érase una vez el cuerpo humano (+4 años)

Libros para educar:

Título: “I Love to brush my teeth” de Admont Shelley y KidKiddos Book. (3-9 años)«

Autor: Shelley Admont

Editorial: Kidkiddos

Sinopsis: Al pequeño Jimmy no le gusta cepillarse los dientes. Incluso cuando su madre le regala un cepillo de dientes naranja nuevo, su color favorito, él no lo usa como se supone que debe hacerlo. Pero cuando al pequeño Jimmy le empiezan a suceder cosas extrañas y mágicas, empieza a darse cuenta de lo importante que puede ser cepillarse los dientes.

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Título: «Como enseñar a tu cocodrilo a lavarse los dientes»

Autor: Bárbara Fernández, Jane Clarke, Gergie Birkett

Editorial: Bruño

Sinopsis: Coco es un cocodrilo muy revoltoso que no quiere lavarse los dientes pero, ¿sabes cómo su amiga Lola logra convencerlo? A los cocodrilos y los dragones les encanta tener una bonita sonrisa.

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Autoría: Lucia Jorquera


9 de abril de 2024

min de lectura

Es fundamental para su desarrollo emocional y social que comprendan desde una edad temprana qué comportamientos son aceptables y cuáles no lo son. En este breve artículo, exploraremos la importancia de establecer normas y límites en la educación de los hijos, así como algunas estrategias efectivas para implementarlos.

¿Qué son las normas y los límites?

Los límites le dicen al niño hasta dónde puede llegar, mientras que las normas son la manera concreta en que se aplican estos límites en la vida diaria. Cada hogar tiene sus propias normas, desde pequeñas reglas como recoger los juguetes antes de ir a la cama hasta normas más amplias como cenar juntos en familia. Estas normas proporcionan seguridad y estructura, enseñando a los niños qué comportamientos son aceptables en la sociedad en la que viven.

¿Por qué son necesarios los límites y las normas?

Los límites y las normas son esenciales para el desarrollo saludable de los niños por varias razones:

  • Proporcionan una estructura sólida y predecible que les ayuda a sentirse seguros y protegidos.
  • Protegen a los niños de peligros y riesgos al enseñarles qué comportamientos son seguros y cuáles no lo son.
  • Ayudan a prevenir comportamientos inapropiados y fomentan la responsabilidad y el respeto hacia los demás.
  • Promueven el desarrollo de habilidades de autorregulación y autocontrol.

Es crucial encontrar un equilibrio entre ser autoritario y permisivo al establecer límites. Los niños necesitan orientación y dirección, pero también necesitan espacio para explorar y aprender por sí mismos.

Consejos básicos para poner límites a nuestros hijos

  1. Objetividad

Evitar expresiones como: ‘Pórtate bien’, ‘sé bueno’, o ‘no hagas eso’. Nuestros hijos nos entenderán mejor si marcamos nuestras normas de una forma más concreta. Por ejemplo: “Recoge lo que has tirado”, “Hay que cruzar la calle de la mano”, “Ahora nos toca ir al baño”, etc

  1. Firmeza

En cuestiones realmente importantes, cuando existe una resistencia a la obediencia, nosotros necesitamos aplicar el límite con firmeza. Los límites firmes se aplican mejor con un tono de voz seguro, sin gritos, y un gesto serio.

  1. Acentúa lo positivo

Los niños son más receptivos al hacer lo que se les ordena cuando reciben refuerzos positivos. En ocasiones les decimos: “NO”, pero no explicamos qué comportamiento es el apropiado. Es mejor decir a un niño lo que debe hacer (‘habla bajo’) antes de lo que no debe hacer (‘No grites’).

  1. Explica el porqué

Cuando un niño entiende el motivo de una regla como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a obedecerla. De este modo, lo mejor cuando se aplica un límite, es explicar al niño por qué tiene que obedecer. Entendiendo la razón, los niños pueden desarrollar valores internos de conducta o comportamiento y crear su propia conciencia. Esa explicación ha de ser corta y precisa, aplicada a la edad de nuestro hijos para que las pueda comprender. Por ejemplo: ‘No muerdas a tu hermano. Eso le hace daño’.

  1. Darle una alternativa

Siempre que apliques un límite al comportamiento de un niño, intenta indicar una alternativa aceptable. Sonará menos negativo y tu hijo se sentirá compensado. Por ejemplo, si el niño está pintando en la pared puedes decir: ‘en la pared no se pinta porque se estropea. Aquí tienes un lápiz y papel para pintar’. Al ofrecerle alternativas, le estás enseñando que sus sentimientos y deseos son aceptables.

  1. Firmeza en el cumplimiento

Una regla puntual es esencial para una efectiva puesta en práctica del límite. Una rutina flexible (acostarse a las 8 una noche, a las 8:30 en la próxima, y a las 10:30 en otra noche) invita a una resistencia y se torna imposible de cumplir. Rutinas y reglas importantes en la familia deberían ser efectivas día tras día, aunque estés cansado o indispuesto. Si das a tu hijo la oportunidad de dar vueltas a sus reglas, ellos seguramente intentarán resistir.

  1. Desaprueba la conducta, no al niño

Deja claro a tus hijos que tu desaprobación está relacionada con su comportamiento y no va directamente hacia ellos. No muestres rechazo hacia los niños. Antes de decir ‘eres malo’, deberíamos decir ‘eso está mal hecho’, “no me gusta lo que has hecho” (desaprobación de la conducta).

Las normas, límites y el hecho de decir NO, no está reñido con el amor incondicional hacia nuestros hijos. Es importante que sepan desde pequeños que, aunque en un momento dado estemos enfadados por algo que han hecho, o que les estamos negando algo porque consideramos que ha de ser así, nosotros les seguimos queriendo mucho.

Esto también hace que trabajemos la gestión de las emociones. hay que dar validez a lo que sentimos. Podemos estar enfadados, podemos (y debemos) expresarlo; pero eso no implica que podamos agredir, o romper cosas, y tampoco implica que por el hecho de estar enfadados nuestro amor desaparezca.

¿Cómo y cuándo imponer límites? 

  • Debemos empezar con los límites, desde el primer año, en este caso son pequeñas normas:
    • No trepamos a la mesa
    • Comemos sentados en la trona y no mientras jugamos.
    • No tiramos los juguetes porque se pueden romper.

El bebé tiene que aprender a interpretar e identificar ese NO.

  • Los niños no aceptan de buen grado renunciar a sus deseos, pero los padres debemos tomar partido en esa edad en la que el niño no es capaz de asumir grandes responsabilidades. Por ej: si el niño va a llorar, protestar o gritar al no dejarle pegar al hermanito pequeño, pues tendrá que llorar, protestar o gritar, pero no le dejamos porque no está bien.
  • Hemos de ser coherentes y consecuentes. Si decimos al niño que no podrá jugar con ese juguete porque lo está tirando, pero no lo cumplimos, el niño acabará no respetándonos.
  • En esta misma línea, tenemos que llevar esa consecuencia hasta el final. Siempre teniendo en cuenta que la consecuencia ha de estar adaptada al comportamiento y a la edad del niño. Por ej: no podemos prohibir al niño ir al parque durante una semana porque no recogió los juguetes.
  • Al pensar en una consecuencia debemos tener en cuenta la edad del niño, el comportamiento que queremos reconducir, que la podamos realmente aplicar y que sea inmediata en el tiempo. Por ej.: si el niño está tirando un juguete, se lo quitamos explicándole por qué lo está haciendo mal, y le podemos decir: “Como lo estás tirando, lo voy a guardar”, o “Hoy ya no vamos a jugar más con esto. Mañana te lo daré y si no lo tiras, te dejaré jugar con él”. No podemos dejarle sin ese juguete un mes, o aplicar una consecuencia que nada tenga que ver (por ej: no vamos a ir al parque).
  • El tono de voz y la seriedad con la que hablemos es fundamental a la hora de poner límites.. No debemos gritar pero sí mostrarnos seguros de lo que estamos haciendo.
  • Los niños han de entender el motivo de una regla: por qué han de irse a la cama pronto, por qué tienen que recoger la habitación. De esta manera ellos podrán desarrollar valores internos de comportamiento. Y las explicaciones cuanto más concisas y claras, mejor.
  • Consecuencia educativa. Los expertos nos hablan de los beneficios de dar consecuencias educativas frente a los castigos pero ¿de qué se trata?. Se trata de que vayan entendiendo que el hecho de hacer o no hacer algo, conlleva una consecuencia. Y está enfocado a niños más mayores. Mediante los castigos, respondemos al miedo, pero no actuamos en conciencia de que pueda o no haber una consecuencia.

Para más información sobre las consecuencias educativas os recomendamos leer este artículo

  • No ceder. Cediendo sólo agravamos y prolongamos el problema en el tiempo. Esta es nuestra norma y así has de hacerlo. Estemos seguros de que lo que estamos haciendo, siempre es y será para el bien de nuestros hijos.

Autoría: Ana Pilar Giménez


2 de abril de 2024

min de lectura

Los llamados «periodos sensibles» son períodos en los cuales el cerebro del niño está especialmente receptivo para adquirir habilidades específicas. Desde el nacimiento hasta los seis años, el cerebro infantil se enfrenta a un desafío importante, siendo la etapa donde experimentará una mayor exigencia.

Educación Preventiva: El Papel fundamental del docente en Educación Infantil

En este contexto, el papel del docente en Educación Infantil es fundamental. La labor preventiva que desempeña implica una serie de acciones clave:

  • Conocimiento: Es vital conocer y comprender los periodos sensibles y estar alerta a las necesidades de cada niño.
  • Observación: Observar detenidamente el desarrollo de los niños para identificar cualquier signo de alerta.
  • Trabajo: Trabajar activamente en estimular y potenciar el aprendizaje durante estos periodos sensibles.
  • Información a las familias: Mantener a las familias informadas sobre la importancia de estos periodos y cómo pueden contribuir en el proceso de aprendizaje de sus hijos.
  • Evaluación del proceso: Evaluar constantemente el progreso de los niños durante estos periodos sensibles. 
  • Posible coordinación con otros profesionales: En casos donde se identifiquen necesidades especiales, coordinar con otros profesionales para brindar la atención adecuada. 

Ventanas de Aprendizaje: Momentos innatos e irrepetibles

Durante estos períodos sensibles, los niños aprenden de manera natural y entusiasta. Son momentos únicos en los que el cerebro infantil se encuentra altamente receptivo al aprendizaje, gracias a la formación de conexiones neuronales que facilitan el proceso. La plasticidad neuronal en la primera infancia es extraordinaria, lo que subraya la importancia crucial de la estimulación adecuada. Si en este periodo se cierra sin la suficiente estimulación, el niño tendrá dificultades para adquirir las habilidades necesarias en su desarrollo.

Principales períodos sensibles y su importancia

  • El Movimiento: Desde antes del nacimiento, el niño experimenta un desarrollo motor que va desde lo involuntario hasta lo voluntario, siendo este un pilar fundamental en su desarrollo intelectual.
  • El lenguaje: Desde los primeros llantos hasta la etapa de lectoescritura, el desarrollo del lenguaje oral es crucial. Proporcionar un modelo claro y variado de lenguaje es esencial para su desarrollo lingüístico.
  • El orden: La sensibilidad por el orden se abre durante el primer año de vida y se mantiene hasta los tres años aproximadamente. Un ambiente ordenado y estable es fundamental para que el niño asimile y desarrolle un sentido de orden interno.
  • Habilidades sociales: Desde las primeras sonrisas hasta las interacciones con sus pares, el niño desarrolla habilidades sociales que son esenciales para su convivencia y desarrollo emocional.

El juego como herramienta clave

En este viaje de descubrimiento y aprendizaje, el juego tiene un papel fundamental. A través del juego, los niños no sólo desarrollan habilidades sociales, sino que también internalizan normas sociales y valores fundamentales para la convivencia. Es en este espacio lúdico donde los niños exploran, aprenden y crecen, haciendo de cada período sensible una ventana al desarrollo integral de la persona.

Autora: Ana Pilar Giménez Carcas. Directora de Educación Infantil Carabanchel.