Autoría: Lucia Jorquera


14 de mayo de 2024

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Los bebés de alta demanda se caracterizan por ser muy, muy demandantes, y además ser poco dados a hacer concesiones.

Los bebés de alta demanda son bebés normales, que no tienen una patología (a no ser que su llanto e irritabilidad vengan como consecuencia de alguna patología o malestar, que debe siempre descartarse primero).

Características de un bebé de alta demanda, según Sears, doctor que acuñó el término y que procede del inglés ‘High Need Baby’:

  • Intensos: ponen energía en todo lo que hacen, al llorar, al comer, al reír, al protestar. Parecen siempre tensos, siempre necesitando un poco más de nosotros.
  • Hiperactivos: y no en el sentido del trastorno, sino como característica. Son niños con una mente siempre atenta e inquieta, como pidiendo estímulos continuamente… esos bebés que tienen que estar en brazos, y con mamá o papá moviéndose, para que así estén recibiendo constantemente información del exterior.
  • Absorbentes: demandan contacto, cariño, juego, brazos, y cuando ya parece que lo tienen todo, vuelven a la carga a pedir un poco más y luego un poco más; y para acabar, un poco más.
  • Se alimentan a menudo: para ellos, comer no es sólo recibir alimento. La succión les calma y tranquiliza y por eso comen de manera frecuente, incluso por las noches, cuando pueden llegar a hacer tantas tomas que las madres llegan a decir que «¡Esta noche no se ha separado ni un momento!».
  • Exigentes: cuando consideran que necesitan algo, lo piden para ayer. Son urgentes, no aceptan la negación y no suelen aceptar alternativa. Los padres suelen decir que tienen la sensación de «no llegar nunca a tiempo».
  • Se despiertan a menudo: Tienen problemas de sueño. No necesitan dormir demasiado, por eso les cuesta mucho conciliar el sueño, sobre todo si no está presente un adulto. Tardarán meses, incluso años, en hacerlo del tirón.Se despiertan a menudo, tienen un sueño ligero, y no suelen aceptar el sueño en soledad, en ningún momento del día. Las siestas las hacen en brazos o en portabebé y por las noches necesitan contacto casi continuo, con múltiples despertares cada noche.
  • Insatisfechos: parecen no estar nunca contentos con lo que tienen o consiguen, y los padres acaban preguntándose aquello de «¿Y ahora qué?».
  • Impredecibles: suele pasar que cuando los padres ya han encontrado las respuestas y parece que todo toma un cauce, aparecen nuevas preguntas y esas soluciones ya no sirven. Los padres acaban sintiéndose auténticos títeres de sus hijos, y esto genera dudas y confusión, al darse cuenta de que viven con la única misión de lograr que no llore, no se queje, no sufra…
  • Hipersensibles: se sobresaltan fácilmente con los ruidos, les molesta cuando pierden el control del entorno y no soportan tener «un guisante bajo el colchón». Reaccionan de manera exagerada a malestares físicos y emocionales, y lloran a la mínima molestia.
  • Necesitan el contacto continuo: brazos, muchas tomas de leche, contacto por la noche, porteo… son estrategias que se suelen utilizar, porque no saben vivir sin el cuerpo de su madre.
  • No se calman por sí solos: es cierto que casi ningún bebé sabe calmarse solo, pero a menudo son capaces de quedarse dormidos estando tranquilos, o dejan de llorar por sí mismos si tardamos un poco en acudir por la razón que sea, y los bebés de alta demanda no lo hacen. Es como si no superan relajarse de ninguna manera y siempre necesitarán la ayuda de los padres para ello.
  • Sensibles a la separación: no aceptan a otros cuidadores, y a menudo ni siquiera aceptan al padre. Las madres y padres suelen explicar que es como si vivieran un periodo de angustia de separación inacabable, incluso cuando ya gatean y caminan, en que difícilmente consienten estar sin la presencia continua de su cuidador principal, habitualmente la madre.
  • Dependencia del adulto. Su ansiedad por la separación es intensa. Necesitan mucho contacto físico. Estar cerca de sus padres, que les cojan la mano, que los sujeten en brazos, pecho a todas horas… Agotan a cualquiera.
  • Poseen un temperamento muy fuerte. «Quieren salirse con la suya a cualquier precio, lo que les lleva a tener grandes berrinches cuando se les niega lo que piden. Suelen ser considerados por su entorno como unos malcriados y caprichosos»
  • Son inteligentes, despiertos y curiosos. «Esta característica es muy evidente desde los primeros meses», señala Úrsula Perona. Son niños que no pierden detalle de lo que pasa a su alrededor, aprenden deprisa y preguntan mucho.

Y la pregunta del millón que se hacen los padres ¿Cómo se gestiona la crianza de un niño tan absorbente? 

«El primer paso es asumirlo. Debemos interiorizar la idea de que no lo estamos haciendo mal y que al niño no le pasa nada malo. Sencillamente y debido a su naturaleza, necesita más atención y cariño. A partir de ahí, el camino es más fácil. Porque no todo es malo. El niño de alta demanda será un adulto muy interesante. Todas esas características que en sus primeros años de vida nos desbordan harán que se convierta en una persona apasionada, inteligente, curiosa, perseverante, sociable y muy cariñosa», anima Úrsula Perona.

 

¿Cómo actuar ante un niño de alta demanda?

Respetemos cómo es y aprendamos qué es lo que necesita: Se nos olvida muchas veces que los niños son personas, que tienen días buenos y días malos. Que tienen estados de ánimo propios y complejos. Y que no podemos exigirles siempre lo mismo como si fueran robots.

Trabajemos nuestra paciencia, porque su perseverancia y su temperamento nos pueden llevar al límite.

Necesitarán un ambiente rico y estimulante que les permita explorar su gran energía y creatividad.

No intentar cambiarles, sino ayudarles a desarrollar todo su potencial. Como declara Úrsula Perona: “No será la maternidad o paternidad soñada. Con un poco de suerte, paciencia y cariño, será mucho mejor”.

No lo compares con nadie, ni con sus hermanos, si los tiene o con otro bebé, llámese vecino, sobrino, etc. Cada persona es única y las comparaciones pueden a la larga afectar su autoestima.

Aprender a delegar y a quitarnos la culpa como padres.

Ofrecerle los estímulos que demanda, y en un corto espacio de tiempo. Tienen un alto nivel de ansiedad. Si se les da rápido lo que necesitan su nivel de ansiedad va bajando, de lo contrario entramos en un bucle en el que el niño está cada vez más nervioso, los padres también, y luego cuesta más relajar la situación.

Refuerza su buen comportamiento con frases y acciones positivas, sobre todo cuando está calmado, sonriente y de buen humor.

No utilizar la violencia, reforzarías su lado negativo y afloraría su rebeldía.

No complacerlo tampoco en todo lo que demande, podría utilizarlo más adelante para manipular.

Canalizar sus emociones, con prácticas de relajación, yoga o algún deporte de baja intensidad.

Actuar con muchísima calma y mucho amor ante una rabieta, pero a la vez con firmeza.

– Si te sientes agotado física y mentalmente, es válido pedir la ayuda de un familiar o cuidador, eso te ayudará a liberar tensiones. Recuerda que somos humanos y en cualquier momento puedes perder los estribos y/o caer en depresión.

– Si ves que no puedes con esta situación, que no sabes controlarla y que se te sale de las manos, busca ayuda profesional con psicoterapeutas infantiles.

Y por último, una aclaración, estos niños no son hiperactivos, son muy activos. Se concentran con mucha facilidad en lo que realmente quieren o les interesa, al contrario que los niños hiperactivos.

Autora: Lucía Jorquera. Colegio Nclic

Autoría: Leticia Rodriguez


13 de mayo de 2024

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¿Qué es “tiempo de calidad”?

Por la palabra “calidad” se puede pensar que es “tiempo agradable”, pero ¿tener un conflicto más o menos desagradable y solucionarlo no es tiempo de calidad? ¿Tomar una decisión familiar que quizá no guste a todos tampoco lo es? ¿Decir «no» a un hijo para un bien mayor lo es? ¿Asumir consecuencias? ¿Perder el tiempo mientras se podía hacer otra cosa?

Por otro lado: ¿hacer un “super plan familiar” significa siempre “tiempo de calidad”?

¿Y si alguno no lo ha disfrutado como esperaba? ¿Y si han surgido problemas o peleas? ¿Si alguno aún estando presente se ha sentido “fuera”?

Después de 26 años intentando gestionar junto a mi marido una familia muy numerosa, llego a la conclusión de que no hay fórmulas mágicas, y además cualquier plan muy bien intencionado puede volverse lo contrario en un segundo porque somos personas con limitaciones, con alma, sentimientos y pensamientos distintos. Esto, que es precisamente lo que nos hace únicos, hace también que en ocasiones no nos entendamos o no estemos en el mismo punto.

Hay momentos en la vida en los que, aparentemente, no estás dando a tus hijos ese tiempo. Creemos que no llegar a cubrir sus caprichos, no ir a hacer planes excepcionales, no tener unas súper vacaciones o, simplemente no llegar a educar en la teoría perfecta nos hace peores padres. Yo diría más bien que aprender del día a día de la manera que se presente, adaptarnos y reconocernos limitados, capaces de errar y levantarnos, hace a la familia más fuerte. 

Los hijos pueden aprender mucho en la precariedad y al ver una familia que se levanta de las caídas y los errores.

Vivimos en un tiempo en el que los padres nos quejamos de no tener tiempo, y es cierto, pero tampoco el tener todo el tiempo asegura que este sea de calidad.

Ideas para convertir momentos del día a día en tiempo de calidad: 

  • Aprovechas los traslados en coche en el que alguno te cuenta lo que considera muy importante o algo que le ha sucedido en el cole es una oportunidad para asentir por el espejo haciendo que sienta que te importa y que le comprendes, es calidad.
  • Mirar y sonreir a tu hijo en lo cotidiano. Por ejemplo: cuando tu hijo está intentando coger una hormiga con sus manos rechonchas y al levantar los ojos ve que tú le estás mirando, le sonríes y animas a seguir con un gesto. 
  • Hacer juntos las tareas de casa. Por ejemplo: al doblar la ropa con uno de ellos y que al acabar puedas decirle: “me encanta estar contigo”. 
  • Dar un abrazo cuando se enfade. para que pueda calmar la ansiedad de una rabieta (por algo que no ha conseguido, o que no va a conseguir). 
  • Compartir con él o ella lo cansado que estás y poder pedir y aceptar su ayuda, es calidad.
  • Cocinar juntos. Cuando se hace un bizcocho quizá por puro aburrimiento, pero resulta que es el preferido de su hermano y se lo comen en 2 min juntos, eso es calidad. 

Como idea final, todo aquello que haga a un miembro de la familia sentir que pertenece a ese núcleo, que importa y que puede aportar cosas buenas, son momentos de calidad. Y, además, sentir que se puede equivocar y que allí recibirá la ayuda necesaria para levantarse de nuevo es tremendamente sanador. 

Hay un momento que quiero compartir que me ocurrió hace poco. Por circunstancias varias tuve que pedir a mi hijo de 2 años que me acompañase a poner una lavadora en el piso de abajo. La realidad es que no debía dejarle solo y que no tenía tiempo para esperar que alguno le vigilase. Entonces, él, que recibió un mensaje de “tú puedes ayudarme y quiero estar contigo” (aunque no fuera la primera intención), dándome la manita me dijo: “te quiero mucho mami” (con su lengua de trapo). En ese momento algo me impulsó a sentarme en el escalón, mirarle a los ojos y decirle: “Gracias cariño, yo también te quiero mucho”.

Claramente no fue un momento costoso económicamente, ni un plan extraordinario, tampoco me quitó mucho tiempo, pero evidentemente supuso un momento de “tiempo en familia de mucha calidad”.

Dejemos que nuestro instinto de padres nos guíe acompañados de personas que nos aporten en esta labor y tengamos en cuenta que: “el amor salvará al mundo” y que: “El amor siempre vence” (San Juan Pablo II).

Autora: Leticia Rodríguez Martínez. Profesora de Educación Infantil y esposa y madre de ocho hijos. Colegio Maria Teresa