Octubre es el mes del Rosario, una oportunidad estupenda para que las familias acerquen esta oración a los más pequeños y, sobre todo, para despertar en ellos algo todavía más importante: el cariño por la Virgen María.
Los niños de 3 a 6 años tienen una capacidad enorme para querer, confiar y establecer vínculos afectivos. A estas edades, la fe se aprende también —y quizá especialmente— a través de los gestos, las costumbres, las imágenes, las canciones y el ejemplo de las personas que quieren.
Por eso, enseñarles a querer a la Virgen no consiste en darles muchas explicaciones. Consiste, sobre todo, en ayudarles a descubrir que María es alguien cercano, una Madre a la que podemos acudir, contarle nuestras cosas y pedirle que nos lleve siempre hacia Jesús. Y octubre puede ser una ocasión preciosa para empezar.
A los niños pequeños se les enseña a querer queriendo
Antes de explicarles quién es la Virgen, quizá tengamos que preguntarnos cómo hablamos nosotros de ella. Un niño pequeño aprende muchísimo observando. Si ve que mamá besa una imagen de la Virgen al salir de casa, que papá se encomienda a ella antes de un viaje o que toda la familia se acuerda de María en algún momento del día, irá descubriendo que la Virgen forma parte de la vida familiar.
No hace falta organizar grandes actividades. Podemos empezar con pequeños gestos:
Saludar a la Virgen al entrar en una iglesia.
Enseñarles a lanzar un beso a una imagen de María.
Tener una pequeña imagen de la Virgen en algún lugar de la casa.
Dar las gracias a María por algo bonito que haya ocurrido durante el día.
Pedirle ayuda cuando alguien de la familia está enfermo o preocupado.
Llevar flores a la Virgen durante el mes de mayo.
Aprender juntos una canción dedicada a María.
Son gestos muy sencillos, pero ayudan a que la relación con la Virgen deje de ser algo abstracto. Para un niño pequeño, la fe también entra por los sentidos y por la experiencia.
Hablar de María como una Madre
A estas edades, la palabra “madre” tiene un significado muy concreto. Por eso podemos explicarles que María es la Madre de Jesús y que Jesús quiso regalárnosla también como Madre nuestra.
No necesitamos entrar en explicaciones teológicas complicadas. Podemos decirles: “A la Virgen le gusta mucho que le contemos nuestras cosas. Podemos pedirle que cuide de nosotros, de papá, de mamá, de los abuelos y de nuestros amigos.” O: “Cuando estés triste o tengas miedo, puedes decirle a la Virgen: ‘Madre, ayúdame’.”
De esta manera, el niño empieza a descubrir que rezar no consiste únicamente en aprender oraciones de memoria. Rezar también es hablar con alguien que nos quiere.
Contarles historias de la Virgen
Los niños necesitan historias. Podemos contarles, con un lenguaje adaptado a su edad, algunos episodios de la vida de María: la Anunciación, la Visitación, el nacimiento de Jesús, las bodas de Caná o cómo acompañó a Jesús hasta la Cruz.
No necesitamos contarlo todo de una vez. Una noche podemos contarles cómo el ángel Gabriel visitó a María. Otra, cómo María fue a visitar a su prima Isabel. Otro día, cómo cuidó de Jesús cuando era pequeño.
Así, poco a poco, el niño irá descubriendo que María no es solamente una imagen que vemos en la iglesia: es una persona que vivió, amó a Dios y acompañó a Jesús durante toda su vida.
Utilizar canciones
A los niños les encanta cantar. Y las canciones son una herramienta extraordinaria para acercarlos a la Virgen. Podemos enseñarles canciones sencillas dedicadas a María. A estas edades, una canción puede quedar grabada en el corazón durante muchos años.
Te dejamos una junto con la letra, para cantarla en el coche o antes de dormir:
Dejar que ellos tengan iniciativa
Una de las mejores maneras de conseguir que los niños se acerquen a la Virgen es permitirles participar.
Podemos dejar que sean ellos quienes:
Elijan una imagen de María para colocar en su habitación.
Escojan una canción para cantar.
Decidan por quién quieren pedir a la Virgen.
Preparen unas flores para llevarle.
Hagan un dibujo para ella.
Elijan qué historia de María quieren escuchar.
Incluso podemos preguntar: “¿Por quién quieres que le pidamos hoy a la Virgen?”Probablemente aparecerá alguien muy importante para ellos: la abuela, un amigo, su profesora, un hermano… Ese momento les ayuda a descubrir algo fundamental: acudir a María también es una manera de querer a los demás.
Crear un pequeño rincón de María en casa
Otra idea muy sencilla es preparar un pequeño “rincón de María”. No tiene que ser algo sofisticado. Puede ser simplemente una pequeña imagen de la Virgen.
Los niños pueden encargarse de mantenerlo bonito. Por ejemplo: “Hoy vamos a ponerle unas flores a la Virgen.” O: “Vamos a dejar aquí tu dibujo para María.”
De esta manera, la fe se integra en la vida cotidiana de la familia y los niños aprenden que a quien queremos, también queremos cuidarlo y tenerlo presente.
La Virgen también está en las pequeñas cosas
A veces pensamos que para educar en la fe necesitamos grandes momentos. Pero con niños pequeños, muchas veces son precisamente los pequeños gestos los que dejan huella. Momentos aparentemente pequeños que van construyendo poco a poco una relación de confianza. “Virgen María, cuida de nosotros.”Puede ser suficiente.
Y, sobre todo, que vean a sus padres querer a la Virgen
Probablemente esta sea la idea más importante de todas. Un niño puede olvidar una explicación. Puede olvidar una oración. Pero difícilmente olvidará la imagen de su madre rezando o de su padre encomendándose a la Virgen.
Los niños aprenden la fe mirando. Por eso, si queremos que nuestros hijos quieran a María, que nos vean quererla a nosotros. Que nos escuchen hablar de ella con cariño. Que nos vean acudir a ella cuando estamos preocupados. Que descubran que María no es una obligación más, sino alguien a quien nuestra familia quiere y en quien confía.
No necesitamos familias perfectas ni grandes expertos en oración. Necesitamos familias que hagan un pequeño espacio para Dios y para María en medio de la vida cotidiana.
Octubre puede ser el comienzo de una bonita costumbre familiar
El mes del Rosario nos ofrece una buena oportunidad para detenernos y preguntarnos cómo estamos transmitiendo a nuestros hijos el cariño por la Virgen.
No se trata de llenar octubre de actividades ni de convertir la devoción mariana en una tarea más. Se trata de aprovechar estas semanas para acercar un poco más a María a nuestros hogares. Porque la educación en la fe no se construye de golpe. Se construye con pequeños gestos repetidos con cariño. Pequeños momentos que, sin que nos demos cuenta, pueden convertirse en recuerdos de fe que acompañarán a nuestros hijos durante toda su vida.
Y quizá un día, cuando sean mayores, vuelvan a mirar una imagen de María y recuerden aquellas tardes y aquellas noches en las que, siendo pequeños, aprendieron en casa algo tan sencillo y tan grande como esto: que a María se la puede querer como a una Madre y que siempre nos lleva hacia Jesús.
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