Un hermano es una de las primeras personas con la que estableces un vínculo especial que normalmente dura toda tu vida. Por mi experiencia, ninguna persona decidiría tener un hermano con discapacidad, pero a lo largo de nuestra vida juntos he podido observar la sencillez con las que ve las cosas, su esfuerzo y su bondad. Entre nosotros ha surgido una unión única.

Cuando era pequeña no veía que mi hermano fuese distinto a los otros. Al crecer llega la realidad, te enfrentas a las preguntas, a las miradas y risas de los demás. Luego vienen las preguntas y las complejidades de tener que explicar por qué mi hermano es diferente. Todo esto hace comprender la discapacidad, madurar de una manera que no corresponde a tu edad y tener una mirada distinta al mundo.

Hay dos etapas significativas. Una de ellas es la infancia. A veces, cuando íbamos a cumpleaños me preguntaban por qué mi hermano era distinto, y yo muchas veces no sabía qué decir. Es importante la comunicación con tus padres, no tener tabúes y que tu familia responda y explique este tipo de actuaciones y preguntas que surgen, siempre desde el cariño y el respeto. Gracias a esto yo pude ir dando respuesta a aquellos que me preguntaban, fui gestionando mis propias emociones, comprendiendo a mi hermano y ordenando mis sentimientos.

Otro momento significativo es la adolescencia, donde la importancia de pertenecer a un grupo de iguales y ser admitido cobra valor. En esta fase es dónde los sentimientos contradictorios surgieron con mayor fuerza. Lo que pensaban mis amigos influía en mi forma de actuar. Aparecieron emociones opuestas, porque es tu hermano y lo quieres, pero a la vez desearías cambiarlo.

Ahora en mi etapa adulta lo que a veces viene a mi corazón es un sentimiento de culpa por mi fortuna genética en este reparto. En esta distribución de la vida yo he salido ganando por tenerte a mi lado. He aprendido a no preocuparme sólo por mí, me has transmitido sensibilidad para aprender a mirar de otra forma. He aprendido a cuidar de otro, a velar por él y a estar siempre ahí.